A Bengt Svensson le extirparon en 1989 un tornillo entero y verdadero, alojado en su cabeza entre el cráneo y el cerebro.
Lo más curioso del caso es que, mientras vendía tuercas, escarpias, clavos y tornillos en su tienda, este ferretero sueco a punto de jubilarse ignoraba que en su cabeza uno de 25 milímetros de largo por 8 de ancho. Bengt ha convivido con él la friolera de 48 años sin conocer su existencia.
Quizá nunca hubiera percibido su presencia, a no ser porque unos días antes de la Navidad de 1988 le comenzó una terrible jaqueca sin motivo lógico aparente. Ningún médico le supo diagnosticar su origen, pero los dolores de cabeza persistían. Los analgésicos no le aliviaban. La jaqueca se le había hecho crónica.
Al cabo de los meses el ferretero acudió de nuevo al hospital, y esta vez las radiografías lo descubrieron. ¡Tenía un genuino tornillo de metal cerca de su oído derecho! Parecía increíble. Los doctores decidieron hacer varias radiografías más para confirmar el extraordinario diagnóstico. Pero sí, allí estaba, en todas las placas aparecía el peculiar objeto, era contundente que estaba ahí.
¿Qué hacía un tornillo en un sitio como ese? Es más ¿Cómo había llegado hasta allí? Y lo que es más extraño aún ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta? Al principio, ni el propio Bengt Svensson daba crédito a las radiografías. Sin embargo, poco a poco fue recordando.
Todo comenzó 48 años atrás, cuando Bengt contaba catorce años. Un amigo y él se habían confeccionado una pistola casera y quisieron probarla. Al primer disparo, ésta tuvo tal retroceso que alcanzó al muchacho hiriéndole en la cara. Sin embargo, en aquel momento los médicos no encontraron ni rastro del tornillo, que 48 años después haría famoso al ferretero sueco en su país.